lunes, 22 de marzo de 2010

Crítica de la semana

03.13.2010

Alicia en el País de las maravillas, de Tim Burton
O la historia de las dos Alicias
Por Oswaldo Osorio




FICHA TÉCNICA
Título original: Alice in Wonderland
Dirección: Tim Burton
Guión: Linda Woolverton; basado en los libros “Alicia en el País de las Maravillas” y “A través del espejo” de Lewis Carroll.
Producción: Joe Roth, Jennifer Todd, Suzanne Todd y Richard D. Zanuck.
Música: Danny Elfman
Fotografía: Dariusz Wolski
Reparto: Mia Wasikowska, Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Anne Hathaway, Crispin Glover.
USA - 2010 - 110 min.



A pesar de todas las adaptaciones que se han hecho del clásico de Lewis Carroll, empezando por la magnífica cinta animada de Walt Disney (1951), es con esta nueva versión que se conjugan dos elementos que potencian su fuerza imaginativa y su fascinante universo fantástico: el director Tim Burton y el desarrollo de la imagen digital. Porque con el talento y la retorcida imaginación de Burton, más las posibilidades visuales sin límites que brinda ahora la tecnología, el País de las maravillas y sus personajes se presentan ante el público de una manera nunca antes vista, que además es complementada por el formato en tercera dimensión.
Lo primero que hay que aclarar es que la película está basada en la combinación de los dos libros que Carroll escribió sobre el personaje, esto es, Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (1865) y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1871). Es por eso que el argumento y los personajes se hacen familiares en muchos pasajes, pero también sorprenden en otros. Fue una afortunada decisión que le permitió a Burton ser original con una de las historias más conocidas de la historia de la literatura.
El asunto fundamental aquí, entonces, es el encuentro de este singular director con la popular obra. El relato de Carroll le proporciona un universo justo como los que le son afines a Tim Burton. La particular visión del cineasta se caracteriza por combinar lo fantástico con lo macabro, también por su gusto por los mundos puestos de cabeza, la locura inofensiva y los personajes y criaturas nobles e inocentes, que no ingenuos, pero sí con un aspecto y comportamientos bizarros e inquietantes. Todas estas propiedades coinciden con la obra, por eso la alquimia de estos elementos es evidente, y el espectador asiste a un espectáculo visual llamativo y fascinante, a un vuelo de la imaginación estimulante y entretenido.
La obra literaria ha dado para múltiples interpretaciones, porque fue concebida con una gran carga de simbolismos y alusiones satíricas dirigidas hacia la sociedad inglesa y la época del autor, pero las versiones popularizadas por la literatura infantil y las adaptaciones al cine y la televisión, se han concentrado en su componente anecdótico y fantástico.
La versión de Tim Burton no difiere mucho en este sentido, y tal vez en eso sí resulta un poco decepcionante, porque su atractivo principal está en ese deslumbrante universo que construye, y en las particularidades con que carga a sus personajes, pero esencialmente está limitada a una fábula de fantasía más orientada para un público familiar, relegando un poco a su base de fanáticos que esperan de él unos relatos menos convencionales y más sugerentes y con esa juguetona perversión que caracteriza su cine.
La “sustancia” en la película está centrada en las dos Alicias a las que hacen alusión durante todo el relato: la falsa y la verdadera, la niña y la joven, la cobarde y la valiente, la que cree estar soñando y la que entiende que ese mundo parado en el techo es real. Siguiendo el esquema clásico del héroe, el paulatino autodescubrimiento es lo que le permite transformarse al personaje, una transformación que se opera gracias a los amigos y enemigos que va ganando y a los retos y aventuras a los que se somete durante su aventura.
La forma en que Burton busca contrarrestar ese convencionalismo de “película de fantasía” es poniendo el énfasis en ciertos personajes, como los hermanitos Tweedledum y Tweedledee, pero sobre todo en la Reina Roja y el Sombrerero, que no es casual que sean interpretados por su pareja de actores favorita, Helena Bomhan Carter y Johnny Depp. Es en estos dos personajes en los que mejor se puede apreciar el sello burtoniano, con toda su imaginativa extravagancia. Son ellos los que, sólo ocasionalmente, se roban el espectáculo y hacen de esta Alicia una película un poco distinta a la que cualquier otro hubiera hecho.

miércoles, 10 de marzo de 2010

KANDAHAR



PROYECCIÓN MARZO 12
Lugar: I.E. San José del citará.
7:15 pm Sala de video.
Entrada libre




Dir: Mohsen Makhmalbaf
Título original: Kandahar
Año: 2001
Duración: 85 mins.
País: Francia/ Iran.
Género: Drama

Nafas es una joven periodista afgana refugiada en Canadá. Su hermana pequeña vive en Afganistán y le manda una carta desesperada diciéndole que ha decidido quitarse la vida antes del eclipse de sol que se acerca. Nafas huyó de su país durante la guerra civil talibán. Decide volver a Kandahar para ayudar a su hermana e intenta cruzar la frontera entre Irán y Afganistán.

Refleja la situación de Afganistán bajo el régimen talibán. Curiosa e involuntariamente, fue estrenada en la misma época que EEUU atacaba el mencionado país tras los atentados del 11 de Septiembre, lo que promocionó la película de forma adicional.


miércoles, 3 de marzo de 2010

Precious, Ricardo Silva Romero. Revista Semana





Año de estreno: 2009 Género: Drama. Dirección: Lee Daniels. Guión: Geoffrey Fletcher, basado en la novela 'Push' de Sapphire. Actores: Gabby Sidibe, Mo'Nique, Paula Patton, Mariah Carey, Lenny Kravitz.

Voy a describir una escena de Precious, quizá la escena más escalofriante de todas, para que ustedes piensen si tienen el estómago que se requiere para verla. No es una escena tramposa. No es una escena chantajista. Es, más bien, otros de los momentos dolorosísimos de realismo extremo que le dan forma a la película. Claireece Precious Jones, una negra obesa de 16 años que espera su segundo hijo, tras haber sido violada por su propio padre por enésima vez, trata de escaparse de la ira sudorosa de su madre por las peligrosas escaleras del edificio en el que viven, y la señora, que la odia a muerte porque "mi hombre la prefería a ella", y que suele decirle cosas como "desde que te tuve en mis brazos supe que eras un pedazo de mierda", le lanza un televisor gigantesco con la esperanza de aplastarla. Así es este largometraje.

Precious juega el juego de la superación personal, finge, mejor, que quien la vea saldrá con el espíritu restaurado y diciéndose a sí mismo: "Todo se puede superar en esta vida", pero la verdad es que su protagonista sufre tantos maltratos -desde que nace hasta que da con el colegio especial que la conducirá a la recuperación de su autoestima-, que la sensación que nos queda es de derrota: tiene razón Precious, llegamos a pensar, cuando se dice a sí misma "quisiera estar muerta". Es por eso, porque el dolor que transmite nos paraliza como espectadores, porque incluso sus brotes de humor cargan la trama de más y más patetismo, porque su redención no es tan reconfortante como, por ejemplo, la de Miss Celie en la versión cinematográfica de El color púrpura, que cuesta recomendar este trabajo como un buen plan de fin de semana.

Precious es un drama valiente -en la tradición de aquellos relatos de iniciación, de Oliver Twist a Tom Sawyer, que nos han formado a todos- sobre una niña que hace lo mejor que puede para no odiarse frente al espejo. Su director, Lee Daniels, recurre a todos los recursos posibles -una cámara temblorosa de documental, unos cortes brutales que nos ponen de pie sobre la tierra, una serie de secuencias luminosas que recrean la mente infantil de la heroína- para que no se nos escape ni un poco de la gravedad de los hechos. Pero lo que hace memorable esta producción, lo que la tiene en la carrera por el Oscar, es un elenco que le da verdadera vida a un grupo de personajes secundarios que en el guión no pasan de ser caras borrosas que la protagonista se encuentra por el camino.Precious es, sobre todo, un monumento a sus dos actrices principales: la comediante Mo'Nique y la debutante Gabby Sibide. La primera encarna, con una rabia pocas veces vista en el cine, a esa madre que no logra escapar de sí misma. La segunda, en el papel de aquella hija que preferiría ser una huérfana, carga con la película desde la primera escena hasta la última: ella es, de hecho, la película.